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Enunciar a Nuestra América la lucha perenne de José Martí

Enunciar a Nuestra América la lucha perenne de José Martí

Enunciar a Nuestra América la lucha perenne de José Martí

Fue periodista, insurgente por la independencia de Cuba, poeta en la tradición de la transparencia de la canción popular hispanoparlante y al mismo tiempo iniciador del modernismo, político, cuentista y educador.

E invitó a los aldeanos de la América Latina, maltratada por el colonialismo hasta una fragmentación que se ha interiorizado en importantes sectores de culturas tan diversas como homologadas por el desafío de un destino de saqueo común, a pensarse en comunidad.

A sentirse partícipes de Nuestra América: así, en mayúsculas y con un pronombre posesivo que es llamado a la unificación multilateral.

De manera que sus habitantes puedan sentir que la canción paraguaya y el telar limeño, la gastronomía oaxaqueña y la dignidad mapuche, la poesía colombiana de vanguardia de José Asunción Silva y el coloquio de los centauros del nicaragüense Rubén Darío, son todas expresiones de una cultura común que interpela, problematiza, estimula y define.

Se llamó José Martí y murió un 19 de mayo, pero de 1895, sin alcanzar a ver aquello por lo que luchó en vida: la independencia de Cuba de la monarquía española, en momentos en que ser escritor y ser político eran sinónimos, escuela del siglo XIX a la que se le debe tanto en la conformación de nuestras identidades como países americanos independientes.

“Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea, y con tal que él quede de alcalde, o le mortifique al rival que le quitó la novia, o le crezcan en la alcancía los ahorros, ya da por bueno el orden universal, sin saber de los gigantes que llevan siete leguas en las botas y le pueden poner la bota encima, ni de la pelea de los cometas en el Cielo, que van por el aire dormidos engullendo mundos.

“Lo que quede de aldea en América ha de despertar. Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo en la cabeza, sino con las armas en la almohada, como los varones de Juan de Castellanos: las armas del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra”, escribió el cronista de la construcción del puente de Brooklyn, Nueva York, en uno de sus ensayos más célebres.
Los pasos de un luchador de pluma y bala
José Julián Martí Pérez nació en La Habana el 28 de enero de 1853, en la calle de Paula, número 41, recuerda el Centro de Estudios Martianos (CEM) del Ministerio de Cultura cubano.

El 21 de octubre de 1869 fue ingresado a la Cárcel Nacional bajo acusación de infidencia por escribir una carta donde calificaba de apóstata a un compañero de escuela que se alistó como voluntario en el ejército de España para combatir al movimiento independentista.

Cabe recordar que, a diferencia de la mayoría de países del continente americano sometidos a la monarquía española, Cuba no se independizó en las primeras décadas del siglo XIX sino hasta 1898, circunstancia que generó en España una oleada crítica, pues la independencia de Cuba significó la pérdida de su última provincia americana y de su anterior orgullo imperial, el de Carlos V, que proclamó que en sus dominios nunca se ponía el sol.

Esta transformación histórica en la península ibérica dio lugar a la llamada generación del 98, conformada por escritores como Miguel de Unamuno, Antonio Machado y Ramón María del Valle Inclán, avocados a la crítica profunda del mentiroso orgullo español, que desde tiempos de Cervantes y el Lazarillo de Tormes se presumía cosmopolita y cortesano, cuando las calles y la literatura acusaban, más bien, destripamiento, miseria y violencia.

Martí fue deportado el 15 de enero de 1871 a España, donde estudió en las universidades de Madrid y Zaragoza, para graduarse como licenciado en derecho civil y en filosofía y letras.

Pensador de su mundo, a pesar de su fuerte arraigo al Caribe, el escritor conoció París, Nueva York y desembarcó en el puerto de Veracruz, México, el 8 de febrero de 1875.

También trabajó en Guatemala en la Escuela Normal Central como profesor de literatura y de historia de la filosofía. El 31 de agosto de 1878 regresó a La Habana para radicarse ahí.

“Comenzó sus labores conspirativas figurando entre los fundadores del Club Central Revolucionario Cubano, del cual fue elegido vicepresidente el 18 de marzo de 1879. Posteriormente, el Comité Revolucionario Cubano, radicado en Nueva York bajo la presidencia del mayor general Calixto García, lo nombró subdelegado en la isla”, recuerda el CEM.

“Entre 1880 y 1890 Martí alcanzaría renombre en la América a través de artículos y crónicas que enviaba desde Nueva York a importantes periódicos, La Opinión Nacional, de Caracas; La Nación, de Buenos Aires, y El Partido Liberal, de México. Posteriormente decide buscar mejor acomodo en Venezuela, a donde llega el 20 de enero de 1881”.

A mediados de 1882 retomó sus labores de reorganización de las fuerzas revolucionarias contra el gobierno español. En 1887 fue electo presidente de una comisión ejecutiva a cargo de dirigir la organización de los revolucionarios. En 1892 redactó las “Bases y los Estatutos del Partido Revolucionario Cubano”.

“El 8 de diciembre de 1894 redactó y firmó, conjuntamente con los coroneles ‘Mayía’ Rodríguez y Enrique Collazo el plan de alzamiento en Cuba. El 28 de abril de 1895, en el campamento de Vuelta Corta, en Guantánamo, en unión de Máximo Gómez firmó la circular ‘Política de guerra’”, informa el Centro de Estudios Martianos.

“Siguiendo la marcha hacia el oeste de la provincia oriental, llegaron a Dos Ríos, cerca de Palma Soriano. El 19 de mayo de 1895 una columna española se desplegó en la zona y los cubanos fueron a su encuentro. En el transcurso del combate (Martí) se separó del grueso de las fuerzas cubanas, acompañado solamente por su ayudante Ángel de la Guardia.

“Martí cabalgó, sin saberlo, hacia un grupo de españoles ocultos en la maleza y fue alcanzado por tres disparos que le provocaron heridas mortales. Cuando se conoció lo sucedido, resultó imposible rescatar su cadáver, el cual fue conducido por los españoles y, tras varios enterramientos, fue finalmente sepultado el día 27, en el nicho número 134 de la galería sur del Cementerio de Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba”.
La unidad pendiente
“Ni se han de esconder los datos patentes del problema que puede resolverse, para la paz de los siglos, con el estudio oportuno y la unión tácita y urgente del alma continental”, escribió Martí en su ensayo ‘Nuestra América’, publicado en 1891.

“¡Porque ya suena el himno unánime; la generación actual lleva a cuestas, por el camino abonado por los padres sublimes, la América trabajadora; del Bravo a Magallanes, sentado en el lomo del cóndor, regó el Gran Semí, por las naciones románticas del continente y por las islas dolorosas del mar, la semilla de la América Nueva!”.

En una Latinoamérica donde el multilateralismo se ve afectado por las acusaciones de un conjunto de países contra Venezuela; por la participación antiinstitucional de Luis Almagro, secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA), en la renuncia de Evo Morales a la presidencia de Bolivia; por la celebración de las dictaduras militares en Chile y Paraguay que cada cierto tiempo hace el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro; en esta región cultural, política y lingüística, el sueño de la unidad de Martí sigue siendo una labor pendiente.

Y por eso, porque es tarea a realizarse, mantiene su pertinencia la apropiación orgullosa de la identidad continental: sigue haciendo falta hablar de Nuestra América.

 

 

información: 

NTX/I/SCH/JGM
 

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